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El candidato presidencial peronista, Daniel Scioli, abandonó este domingo el tono confrontativo que había adoptado en las cuatro semanas de la campaña de la segunda vuelta electoral y volvió a su hablar tranquilo para reconocer su derrota contra el liberal Mauricio Macri. “Ojalá el cambio sea superador”, auguró Scioli, aunque también marcó distancia con su rival, con el que durante años mantuvo una buena relación, al pedirle a “Dios que ilumine al ingeniero Macri”. “El pueblo ha elegido una alternativa”, reconoció Scioli. Sin embargo, el actual gobernador de la provincia de Buenos Aires se dedicó a enumerar algunas conquistas sociales de los Gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner y auguró que se mantengan. También agradeció a los militantes que se movilizaron en los últimos días para apoyarlo, incluidos algunos que no eran de su Frente para la Victoria. El candidato pronunció esas palabras en el pequeño salón del hotel NH Bolívar, al lado de Plaza de Mayo de Buenos Aires, en el que esperó el resultado. Apenas terminó el discurso, se retiró rápidamente. Fuera de allí, en la plaza se habían congregado miles de militantes kirchneristas, más identificados con la actual jefa de Estado que con el candidato a sucederla, que siempre se había mostrado más moderado que ella. Entre los colectivos reunidos estaban el de los jóvenes de La Cámpora, que lidera el hijo de la presidenta, el futuro diputado Máximo Kirchner, y el del Movimiento Evita. Algunos manifestantes no pudieron contener las lágrimas al conocer los primeros datos de las encuestas a pie de urna a las 18. En un principio parecía que Macri vencería por diez puntos porcentuales de diferencia, aunque finalmente la brecha de fue tres y Scioli acabó venciendo en 15 de las 24 provincias, incluida la de Buenos Aires. Otros militantes, en cambio, entonaron canciones para demostrar que su pensamiento y su lucha seguían vivos pese a la derrota. A eso de las 22 comenzaron a marcharse de la Plaza de Mayo. A 1,2 kilómetros, en el Obelisco de Buenos Aires, muchos miles más festejaban la victoria de Macri. Un fuerte operativo policial montó el Gobierno de Kirchner para evitar incidentes. Una militante de La Cámpora, Carolina, se iban sola a casa con la camiseta del colectivo puesta y el rostro tristre. De 40 años, esta docente del municipio de Lomas de Zamora, en el Gran Buenos Aires (periferia de la capital argentina), comentaba que estaba “desconcertada”. “No entendemos qué es lo que pasó”, decía Carolina, que este año comenzó a militar en La Cámpora, su primera incursión en política en toda su vida. “Scioli no fue el candidato fuerte, pero la gente desconoce lo logrado en 12 años”, comentaba quien milita en un barrio pobre y teme ahora por sus vecinos. “A mí no me va Macri. La palabra Cambiemos (nombre de la alianza del futuro presidente argentino) enamoró, pero no se sabe qué cambio quieren”, opinaba Carolina. “Si se presentaba como PRO (Propuesta Republicana, el partido de Macri), no ganaba”, añade esta mujer que recuerda que en la crisis de 2001 las masas empobrecidas saquearon el local de respuestos de automóviles que tenía su marido. “Él despues pudo levantarlo otra vez y agrandarlo”, recuerda. Carolina anticipa que en los próximos días debatirán en la unidad básica (sede peronista) de su barrio los motivos de la derrota. “Lo que se logró se va a ir perdiendo de a poco. Macri dice que para qué queremos tantas universidades. De las jubilaciones, olvidáte”, teme la militante. También rechaza la “obsesión” de muchos de sus compatriotas de ahorrar en dólares, cuya compra fue limitada por Cristina Kirchner en 2011 y será liberalizada por Macri en diciembre próximo, según prometió. “Esa es una obsesión de un sector de los argentinos, el sector para el que gobernará Macri, no el de que va a comprar a pan. Macri no va a gobernar para todo el país”, profetizaba Carolina mientras bajaba hacia la avenida Leandro N. Alem.

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