Manual USA para derrocar gobiernos (I – II – III): COMPLETO

screenshot.15Ausama Monajed, experto en estrategias comunicacionales, es quien proporciona, la “información” que se difunde sobre Siria en corporaciones internacionales y otros medios donde el Gobierno sirio es invisibilizado.

La aplicación de los métodos de Gene Sharp para derrocar gobiernos “díscolos”, e imponer otros que sean sumisos a las directrices de EEUU, tiene hoy su más vivo ejemplo en la realidad que se experimenta en las calles de Siria.

La actualidad muestra un país inmerso en la violencia. La brutalidad desatada por el terrorismo mercenario contra el pueblo sirio tuvo su preámbulo en las teorías de Sharp, quien, asistido por uno de sus principales aliados locales, aplicó sus tácticas “no violentas” con el objetivo de provocar el caos hasta conseguir que el sistema de gobierno se derrumbase por sí mismo. La imposibilidad de alcanzar esa meta no ha sido sino un falso revés para Sharp y los suyos, pues de hecho consiguieron crear las condiciones para la segunda fase del plan: la agresión armada y la posibilidad de una intervención militar directa de EEUU.

Ausama Monajed es el aliado sirio de Gene Sharp. Ampliamente publicitado por los grandes medios de comunicación, este empresario de 32 años de edad, experto en relaciones públicas y estrategias de comunicación, vive actualmente en Londres, Inglaterra, donde desde hace más de 10 años figura como una de las cabezas visibles de la desestabilización en Siria, es decir, del llamado “golpe blando”.

Monajed es miembro y portavoz del Consejo Nacional Sirio, una agrupación que, siguiendo las tácticas de Sharp, se auto-erige y presenta como “gobierno paralelo” en el exilio. En esa condición, dirige en territorio sirio tanto a los grupos “pacifistas” como a los mercenarios que, financiados y armados por la CIA, han desatado el terror y provocado miles de muertes con el único objetivo de derrocar al presidente Bashar al-Assad e instaurar un régimen “democrático”, vale decir adepto a EEUU. El propio presidente de EEUU, Barack Obama, ha reconocido, sin tapujos, la provisión de armas y recursos de toda especie con ese fin.

Tampoco la función particular de Monajed es secreta. En el documental How to Start a Revolution (Cómo empezar una revolución), del director escocés Ruaridh Arrow (donde se expone el trabajo conspirativo de Sharp y el Albert Einstein Institution en distintos procesos de desestabilización de gobiernos democráticos), el empresario se vanagloria de la fuerte campaña que desde hace años dirige para deslegitimar y derrocar a Al-Assad.

En el documental, realizado en 2011, Monajed abunda en detalles acerca del asesoramiento que ha recibido directamente de Sharp en su oficina de Boston, EEUU, y explica cómo sus métodos son aplicados por la derecha siria y reciben luego amplia propagandización en las corporaciones de comunicación.

“Las tácticas de Gene Sharp se están poniendo en práctica en las calles de Siria ahora mismo, mientras hablamos”, dice Monajed frente a las cámaras. “De la dictadura a la democracia te da la inspiración, la seguridad de que esto puede conseguirse, de que puede suceder realmente”, asegura. Y con evidente orgullo añade que viajó a Boston en 2006, en 2007 y en el verano de 2011 para reunirse con su mentor político.

Servicio mediático

Ausama Monajed, devenido en experto en estrategias comunicacionales tras especializarse en Comunicación Política en el Reino Unido, es quien proporciona, la “información” que se difunde sobre Siria en corporaciones internacionales como CNN, BBC, AP, AFP, Reuters, FOX y Al Jazeera, entre otros medios donde el gobierno sirio es invisibilizado.

También es un recurrente colaborador de periódicos como The New York Times, Washington Post, The Guardian, The Independent, The Wall Street Journal y The Daily Telegraph, apegados en su línea editorial estratégica a los intereses de EEUU y la Unión Europea.

Tal como se hizo para justificar las invasiones en Irak, Libia, Afganistán y otros países, Monajed se asegura de que las tácticas mediáticas de Sharp sean aplicadas fuera del territorio sirio para sesgar y tergiversar la realidad de ese país.

Al llevar así los hilos del discurso mediático, Monajed procura justificar en el inconsciente colectivo las acciones violentas ejecutadas contra el gobierno de Al Assad, de manera que sean bien vistas y aprobadas por la opinión pública internacional. Y es sobre esa base que se busca ahora asidero moral para el ataque militar directo anunciado por el propio Obama, el pasado 31 de agosto de 2013.

El trabajo de Monajed como aliado de Sharp y la CIA se potencia con su papel de director del Centro de Investigación y Comunicación Estratégica (London-based Strategic Research and Communication Centre), con sede en Londres. Fundado por él mismo en 2010, este think tank proporciona servicios de investigación, análisis políticos, recomendaciones y comentarios sobre Siria a varios medios de comunicación, gobiernos e instituciones académicas del mundo.

Desde esa ventana mediática, Monajed impone la línea editorial que se publica en los distintos medios, con la que se refuerzan contra el gobierno de Al Assad calificativos como “régimen” o “dictadura” y conceptos como “respuesta militar mortal de la dictadura”, al tiempo que se producen historias, videos e imágenes sobre la situación siria, siempre desde un enfoque dirigido a ablandar y confundir a las fuerzas progresistas del mundo para así justificar la invasión.

Este sirio, fiel a las ideas conspirativas de Sharp, es además fundador y director de Barada TV, una red de televisión que dirigen los extremistas sirios para mostrar su guerra contra el gobierno de Al-Assad. También trabajó como director del proyecto de la Comisión Europea y el Programa de Desarrollo de la Organización para las Naciones Unidas (ONU) en Siria.

En Cómo empezar una revolución, Monajed confiesa que la manipulación de matrices de opinión, a través de las redes sociales, funciona perfectamente como “plataforma tecnológica para masificar sus mensajes y divulgar ideas que promuevan la desestabilización en Siria”.

Desenfadado, locuaz y sin explicar nunca el origen de sus recursos económicos asegura que logró colocar en Siria una red de “cámaras secretas”, con equipos de alta definición que se conectan por vía satelital a internet, para transmitir en directo imágenes de las “hazañas” que cumplen sus mercenarios.

Monajed, quien es también Licenciado en Economía y Gestión de la Universidad de Damasco, en Siria, sostiene que “una vez capturadas las imágenes”, éstas son enviadas de manera exclusiva a la cadena de televisión Al Jazeera.

Un solo ángulo

El cinismo de Monajed supera el poder que le han entregado las corporaciones mediáticas. En la conferencia 2012 del Oslo Freedom Forum, dijo: “Lo que hace que la historia sea tan poderosa, es que ésta no sea contada por una sola fuente o por un periodista”. Asegura que las informaciones emitidas desde Siria por los grupos que decidieron desconocer al gobierno de Al Assad muestran sus “propios ángulos y sus propias emociones”.

“Quizás lo más importante es que las personas están diciendo sus historias a través de videos en YouTube. Y los activistas han aprendido que para que esta información sea creíble, debe ser debidamente fechada y documentada. Y ellos son la esperanza de que un día estos videos se puedan utilizar para ajustar el régimen a la justicia”.

Con este discurso, Monajed pretende presentarse como un demócrata que da cabida a “todas las voces disidentes”, aunque, en realidad, esas “personas que están diciendo sus historias a través de videos” trabajan para él y los productos audiovisuales que se les atribuyen se exhiben en sus propios medios, bajo su política informativa; que, como se ha evidenciado anteriormente, apunta a silenciar los argumentos de la mayoría del pueblo sirio.

En una entrevista exclusiva realizada por Graham Douglas y publicada en The Prisma el 26 de diciembre de 2011, titulada Ausama Monajed en el trasfondo de la crisis siria, el empresario admite que “el movimiento opositor en Siria está compuesto por pequeños grupos dentro y fuera del país (…) y sus líderes son profesionales altamente educados, que tienen oficinas en muchos otros países alrededor del mundo”.

En esa misma entrevista, tras acusar de “total dictadura” al gobierno de Al Assad, Monajed reconoce que en Siria el pueblo disfruta de “un buen sistema de educación, que muchos sirios hablan dos o tres idiomas, y que tienen una de las penetraciones más altas de internet en la región, así como un 97 o 98% de acceso a la telefonía móvil”, condiciones que, dice, aprovecha para dirigir su orquestación mediática.

Llama la atención que este “promotor de la no violencia” no condene las acciones terroristas que ejecutan los mercenarios en su país de origen; todo lo contrario, las auspicia. Cuando Douglas le pregunta por el gobierno de Al-Assad, electo por el pueblo sirio en dos oportunidades, Monajed responde que “Siria es una dictadura militar directa”.

“En nuestras reuniones en Londres le estamos pidiendo ahora a los británicos que sigan nuestro ejemplo y soliciten el derrocamiento de Al Assad. También estamos ejerciendo presión en Bruselas y Washington con el mismo objetivo. Estamos haciendo todo lo posible para que se apruebe la resolución del Consejo de Seguridad”, le dice el aliado de Sharp al periodista.

Para Monajed, la injerencia extranjera en los asuntos internos de Siria no es un problema, es conveniente. Le dice a Douglas que el rol de EEUU y su influencia “son cruciales”.

En 2011 decía Monajed: “Necesitamos que Estados Unidos presione a China y Rusia para que no bloqueen la Resolución del Consejo de Seguridad”. Ese veto impidió que EEUU y la UE entraran, en ese momento, con todo su poderío militar a Siria.

Auspicio a mercenarios

El 22 de mayo de 2013, el Reino Unido, actual casa de Monajed, manifestó a través de su canciller, William Hague, que el presidente Bashar Al-Assad debe salir para “facilitar la solución al conflicto bélico” en Siria.

“La visión de siempre del Reino Unido es que Assad tiene que irse, y nunca hemos contemplado ninguna solución que implique que se quede”, dijo Hague a los medios antes del encuentro de los “Amigos de Siria”, grupo integrado por EEUU, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Turquía, Jordania, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Catar, naciones que tienen claros intereses económicos en Siria y, por ende, buscan la caída de Al-Assad.

Por su parte, el secretario de Estado de EEUU, John Kerry, anunció el pasado 22 de mayo la decisión de su país de “donar” 60 millones de dólares en “ayuda no letal” a los terroristas sirios, luego de sostener una reunión con Ahmed Muaz al Jatib, uno de los portavoces de la Coalición Nacional Siria, cúpula que conspira contra el pueblo sirio.

Kerry aseguró que el presidente Barack Obama tiene “muy en clara la necesidad de intervenir a favor de la oposición”. Según el jefe de la diplomacia estadounidense, la ayuda consistiría en chalecos antibalas, cascos, aparatos de comunicación, alimentos y medicinas.

Sin embargo, el 14 de junio de 2013 Washington asumió una postura más frontal y belicista, al admitir que proporcionará armas de guerra y “ayuda militar” a la coalición opositora y sus fuerzas mercenarias.

La ONU confirmó ese mismo día que el número fallecidos por este conflicto superaba entonces las 93.000 personas, mientras que más de cuatro millones de habitantes se habían visto forzados a dejar el país.

La emisora radial belga La Premiere informó, con base en datos de la compañía Business Insider, que la CIA está implicada en el envío de armas de guerra a unos 5.000 mercenarios responsables de la violencia en Siria.

La Premiere destacó que el nuevo gobierno de Libia, aliado de EEUU y la Unión Europea, se comprometió a enviar a los terroristas que se encuentran en Siria unas 400 toneladas de armas, incluyendo sistemas antiaéreos.

No son estos los primeros reportes acerca de la injerencia directa de agencias estadounidenses en la escalada de violencia en Siria durante los últimos años, desde que resultó evidente que la campaña desestabilizadora “no violenta” debía dar paso a la acción de grupos armados. En septiembre de 2012, la agencia de noticias iraní Al Alam y el diario digital yemení Aden Alghad denunciaron que Washington había acordado con la red Al Qaeda y el gobierno de Arabia Saudita el envío de 5.000 mercenarios a Siria, con el fin de apoyar la conspiración contra Al Assad.

Estos 5.000 mercenarios se unirían a otros grupos de Al Qaeda que se han infiltrado en Siria desde Libia, Irak y Turquía, con la ayuda de la Organización del Tratado Atlántico Norte (Otan) y sus aliados entre los Estados del Golfo.

La raíz en Boston

Desde finales de 2011, el presidente Al Assad y el pueblo sirio que lo eligió han tenido que enfrentar una arremetida bélica, en la que las potencias imperiales organizan y dirigen las labores de mercenarios que causan caos, muerte y desestabilización.

Este conflicto, que se gestó paso a paso desde Boston, se une a la larga lista de países en los que, según el propio Sharp, han sido aplicadas sus teorías conspirativas amparadas en la “acción no violenta”: Guatemala, Australia, Tailandia, Birmania, China, Japón, Georgia, Irán, Kurdistán, Rusia, Serbia, Ucrania, Venezuela, Vietnam, Zimbabwe… y seguramente haya alguno más.

Sharp refuerza la idea de que para acabar con un gobierno y cambiar el sistema político de un país, se deben atacar los pilares fundamentales que conforman el Estado y desestabilizarlo mediante el desconocimiento de las instituciones.

“Si puedes identificar las fuentes de poder de un gobierno, como la legitimidad, el apoyo popular, el apoyo institucional, entonces sabrás de qué depende la existencia de ese gobierno. Y puesto que todas esas fuentes de poder dependen de la buena voluntad, la cooperación y la obediencia de la gente y las instituciones, tu trabajo es bastante sencillo: sólo tienes que reducir ese apoyo, esa legitimidad, esa obediencia, y el régimen quedará debilitado. Si eliminas esas fuentes de poder, el régimen caerá”, asegura Sharp en el documental Cómo empezar una revolución.

“La lucha no violenta es lucha armada, con armas económicas y políticas”, recalca en el mencionado documental el mismo Sharp, quien se autoproclama como abanderado de una ideología que cobra vidas humanas, desplaza y aniquila voluntades para “tomar el poder político y negárselo a otros”.

Ausama Monajed asegura que dejará Londres para volver a su país si logra encontrar la “libertad”, es decir, si se concreta el objetivo que ha perseguido por más de una década: derrocar el gobierno de Bashar Al Assad, como en su momento lo hiciera su homólogo serbio, Srdja Popovic, con la caída de Slobodan Milosevic.

Manual USA para derrocar gobiernos (II): La CIA no es sino el jefe de sus jefes

En 2007, la Agencia Central de Inteligencia envió una carta al periodista francés Thierry Meyssan con el propósito de refutar un trabajo en el que se denunciaba su participación directa en una trama de conspiraciones dirigidas por Estados Unidos contra varios países.

El 12 de junio de 2007, dos años después de la investigación que publicara Thierry Meyssan sobre los nexos de Gene Sharp y el Instituto Albert Einstein (AEI, por su siglas en inglés) con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) Sharp envió una carta al periodista francés con el propósito de refutar ese trabajo y negar su participación directa en la trama de conspiraciones dirigidas por Estados Unidos (EEUU).

Sharp dedicó tres páginas a descalificar el trabajo periodístico de Meyssan y, sobre todo, a desmentir los nexos entre el AEI, la CIA y la Casa Blanca, pero en ningún momento negó que sus tácticas y sus estrategias conspirativas sean aplicadas para imponer los intereses estadounidenses en otros países.

Correcciones. Una carta abierta de Gene Sharp, se tituló la misiva enviada por Sharp a Meyssan. Escribe Sharp: “Su presentación de esta técnica en la Edición Internacional de Voltaire del 4 de enero de 2005 es un ejemplo por excelencia de inexactitudes acerca de la acción no violenta y de mí. Por qué y cómo ocurrió esto, es un poco desconcertante. Quizás recibió información falsa. Su artículo contiene tantas inexactitudes que me sorprende que alguien pueda creer mucho de su contenido”.

Sharp, postulado tres veces al Nobel de la Paz (en 2009, cuando lo ganó Barack Obama, y en 2012 y 2013), trata de desligarse de los grupos extremistas que aplican sus teorías. Pero ninguno de sus esfuerzos logra poner en entredicho los argumentos presentados por Meyssan en 2005.

“Por política del Instituto Albert Einstein, nunca decimos a la gente que enfrenta conflictos en otro país qué debe hacer (…) Podemos proveerles conocimiento y entendimiento cuando lo piden. (…) Lo que la gente de otros países decide hacer, es su responsabilidad y prerrogativa”.

Luego confiesa: “La acción no violenta es una técnica para conducir conflictos, tal como la guerra militar, el gobierno parlamentario y la guerra de guerrillas. Esta técnica usa métodos psicológicos, sociales, económicos y políticos. Ha sido utilizada para una variedad de objetivos, ‘buenos’ y ‘malos’. Ha sido utilizada tanto para cambiar gobiernos como para sostenerlos contra ciertos ataques”.

Más adelante admite haber ido a Beijing, China, en 1989, con el “propósito” de “aprender por qué los estudiantes estaban usando protestas no violentas. No dimos ningún consejo a nadie sobre lo que los estudiantes debían hacer”.

Le dice a Meyssan: “Sus afirmaciones sobre mis contactos con Suecia y los tres países bálticos no son acertadas (…) Nos reunimos con oficiales de Defensa de los gobiernos en favor de la independencia de las repúblicas bálticas, pero no les dijimos lo qué debían hacer”.

Asimismo, asegura que ni el AEI ni él personalmente reciben recursos oficiales de ninguna especie. “El Instituto Albert Einstein no recibe fondos de ningún gobierno, incluyendo el de los Estados Unidos. El Instituto no tiene gobiernos financistas o amos. Nunca he trabajado para la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). Nunca he trabajado para la CIA o he recibido dinero de ella. Cuando escribía mi disertación doctoral para la Universidad de Oxford en los sesenta, recibí apoyo financiero parcial indirectamente del Departamento de Defensa, a través de una beca concedida a un profesor de la Universidad de Harvard, como reconozco en mi prefacio a La política de la acción no violenta (…) El Instituto Albert Einstein no crea conflictos, ni participa en conflictos existentes ni toma parte ideológica en ellos. Sólo practica la investigación, los estudios genéricos sobre políticas y la enseñanza”, afirma Sharp.

Obviamente, Sharp no hace mención al financiamiento que la Fundación Nacional para la Democracia (National Endowment for Democracy, NED) otorgó al AEI en Serbia, a través de Paul B. McCarthy. Tampoco hace referencia, por supuesto, al comunicado en el que el propio Departamento de Estado norteamericano admite a su vez, en 2003, que “Estados Unidos apoya a organizaciones como la National Endowment for Democracy (NED), el Open Society Institute (OSI) e Internews, que trabajan dentro y fuera de la región en un amplio abanico de actividades de promoción de la democracia”.

En ese mismo comunicado, Washinghton informa: “La NED está en la vanguardia de nuestros esfuerzos para promover la democracia y la mejora de los Derechos Humanos en Birmania desde 1996. Aportamos 2,5 millones de dólares en el ejercicio de 2003 (…) La NED utilizará esos fondos para apoyar a las organizaciones pro democráticas birmanas y las de las minorías étnicas”.

De tal manera que Sharp, según sus propias palabras, “no recibe fondos de ningún gobierno”, pero sí de quienes son financiados por el Departamento de Estado. Dicho de otra manera, sus “financistas o amos” no son los dueños de la finca, sino sus capataces.

En noviembre de 2000, en The New York Times Magazine (suplemento dominical del New York Times), el periodista Roger Cohen publicó un trabajo sobre los logros que alcanzaron la NED, la USAID y otras supuestas “organizaciones no gubernamentales” al financiar a Otpor y así ayudar al derrocamiento de Slobodan Milosevic en Serbia.

Como lo señala ahí Cohen, el mismo McCarthy, representante de la NED-Washington, admitió que Otpor recibió, entre septiembre de 1998 y octubre de 2000, más de tres millones de dólares de manos de la NED en Serbia.

Añade que McCarthy confesó haber realizado una serie de reuniones con los líderes de Otpor en Podgorica, capital de Montenegro, así como en Szeged y Budapest, Hungría, en momentos en que el coronel Bob Helvey y Gene Sharp adiestraban precisamente a Otpor para ejecutar la conspiración contra Milosevic.

Por su parte, Donald L. Pressley, administrador asistente de USAID, informó a Cohen que en el año 2000 la USAID envió “varios cientos de miles de dólares que fueron entregados a Otpor directamente”, para financiar materiales de propaganda política como camisetas, afiches o calcomanías, entre otros.

De igual forma, Daniel Calingaert, un funcionario del Instituto Republicano Internacional (IRI), informó a Cohen que el IRI estuvo en Serbia en el año 2000, y que durante esos días Otpor recibió por parte de EEUU 1,8 millones dólares. Calingaert detalló que se reunió con líderes de Otpor entre “siete y diez veces”, en Montenegro y en Hungría, a partir de octubre de 1999.

El IRI, organización financiada por el gobierno de los Estados Unidos, tiene como misión exportar programas políticos estadounidenses, calificados como “de democratización”, para “ampliar la libertad en todo el mundo”. El significado que para estos programas tienen las palabras “democratización” y “libertad” puede deducirse de su objetivo: están siempre enfocados a la formación de militantes de partidos de derecha.

Este instituto es presidido desde 1993 por John McCain, contrincante republicano de Barack Obama en la elección presidencial de 2008 y representante del ala más radical de la derecha estadounidense como senador en el Congreso.

El pasado 14 de junio de 2013, McCain exigió a Obama enviar las fuerzas de combate estadounidenses contra el pueblo de Siria, dada la incapacidad de las fuerzas terroristas, financiadas por EEUU, para derrocar por sí solas al gobierno del presidente Bashar Al-Asad.

“Una intervención directa de Estados Unidos está justificada incluso sin el mandato de la ONU, como ocurrió en Kosovo”, expresó McCain, en una entrevista que le hicieran en Alemania el canal Phoenix. Un discurso que repetiría Barack Obama en agosto de 2013, al ver que los países aliados le negaran apoyo para ejecutar una acción militar en Siria.

Clandestinos en Birmania

Ahmed Bensaada, doctor en Física, profesor y escritor argelino que vive en Canadá desde hace 23 años y que se ha dedicado a investigar sobre las llamadas primaveras árabes y la influencia de las teorías de Gene Sharp en ellas, publicó en su página web http://www.ahmedbensaada.com, el 16 de abril de 2012, un artículo titulado La primavera birmana, en el que desentraña la estrecha relación entre Gene Sharp, Robert Helvey, el AEI, el financiamiento de EEUU y sus acciones directas en conspiraciones.

Bensaada precisa, además, que la información acerca de los recursos y las actividades de estos organismos estadounidenses dedicados a la “exportación de la democracia”, se encuentran en el informe Burma Campaign UK publicado en 2006 y citado por el Departamento de Estado.

Frente a la afirmación de Sharp, de que “el Instituto Albert Einstein no crea conflictos, ni participa en conflictos existentes, ni toma parte ideológica en ellos”, Bensaada aporta numerosos datos que confirman la intervención directa del AEI en el conflicto birmano y demuestran que Gene Sharp y Bob Helvey se mantuvieron allí en contacto permanente con los grupos extremistas para conspirar contra el gobierno.

Confirma Bensaada que el coronel Helvey, tras retirarse de la embajada estadounidense de Rangún en 1985, volvió a Birmania (actual Myanmar) en 1992. En ese viaje organizó la entrada clandestina, por barco, de Gene Sharp al país.

“Aquí estábamos, en esta selva, leyendo los trabajos de Gene Sharp a la luz de las velas”, le declaró el propio Helvey, el especialista en acciones secretas, a la periodista Sheryl Gay Stolberg, del periódico The New York Times, el 16 de febrero de 2011, en un trabajo titulado: “Shy U.S. Intellectual Created Playbook Used in a Revolution”.

Helvey dijo abiertamente que fue tras esas experiencias que nació la primera versión del libro De la dictadura a la democracia, suerte de guía que se publicó inicialmente en inglés y birmano, donde se enumeran casi 200 métodos para ejecutar una conspiración fundamentada en el boicot y en lo que su autor, Sharp, conceptualiza como “lucha no violenta”.

Entre 1992 y 1998, Helvey efectuó 15 viajes a Birmania, donde logró establecer relación directa con más de 500 miembros del Consejo Nacional de la Unión de Birmania, grupo que integraba al movimiento conspirativo birmano, a quienes les impartió diversos cursos sobre las teorías de Sharp.

¿Cuál podía ser el interés de Estados Unidos en Birmania?

Actualmente bajo el nombre de Myanmar, Birmania es una nación que tiene dos características notables para la Casa Blanca: la producción petrolera y la capacidad de sus tierras para sembrar la adormidera.

La adormidera, sencillamente la planta del opio, es la droga que produce mayor rendimiento económico en el planeta y de la cual, a su vez, se extrae químicamente la heroína, cuarta en el ranking mundial.

Estudios anuales de la ONU indican que la venta de opio mueve una cifra cercana a los 170.000 millones de dólares al año. La cocaína, cerca de 84.000 millones de dólares. El cannabis o marihuana, 141.000 millones de dólares. Y la heroína, unos 55.000 millones de dólares que, sumados a los del opio, otorgan al mercado de la adormidera un total de 225.000 millones de dólares al año. Myanmar es, después de Afganistán, el segundo productor mundial de esta planta.

Resulta difícil, entonces, pensar que el lucro económico no forma parte de los objetivos que, más allá del accionar de las organizaciones “no gubernamentales” como el AEI, persigue en esos países la Casa Blanca: aplicar la política expansionista a través del control geopolítico para administrar la dinámica económica mundial, objetivo que implica, para Washington, cercar no solamente sus dos más poderosos rivales de Europa y Asia, la Federación de Rusia y la República Popular China, sino también a su gran “aliado”, la Unión Europea.

Bloquear desarrollo de Rusia y China

Frederick William Engdahl, periodista e historiador estadounidense, hace referencia a las llamadas “revoluciones de colores” en un trabajo titulado Burma Regime Change – The Geopolitical Stakes of the Saffron Revolution, publicado el 15 de octubre de 2007 por The Market Oracle, diario que se dedica al análisis de los mercados financieros.

En ese trabajo revela cómo la “revolución azafrán” de Birmania, así como la “revolución naranja” de Ucrania, o la “revolución de las rosas” en Georgia y las diversas “revoluciones de colores” ocurridas durante los últimos años contra países que rodean estratégicamente a Rusia, son “un ejercicio bien orquestado por parte de Washington para cambiar los regímenes”.

En una entrevista realizada por Russia Today (RT), Engdahl explicó que, aunque la “revolución” egipcia de 2011 “fue orquestada por el Pentágono para facilitar en Oriente Medio la política exterior de Barack Obama”, luego, “tras la caída de Hosni Mubarak, el conflicto interno en Egipto se ha vuelto incontrolable para EEUU”.

Engdahl sostiene que todo estos movimientos conspirativos impulsados por EEUU para derrocar gobiernos en Europa, Asia, Medio Oriente y África, tienen como objetivo último “tomar los recursos de África y Oriente Medio bajo control militar, para bloquear el crecimiento económico de Rusia y China, lo que le permitiría tener bajo control la totalidad de Eurasia”.

El periodista estadounidense agrega que las mediáticamente conocidas como “primaveras árabes”, incluida la que vanamente se desató contra Siria antes de dar rienda suelta a los mercenarios, forman parte de “un plan anunciado por primera vez por George W. Bush en una reunión del G8 en 2003, al que llamó El Gran Proyecto de Oriente Medio”.

Manual USA para derrocar gobiernos (I): Gene Sharp, cerebro de golpes “blandos”

Gene Sharp es un estadounidense nacido en 1928 y reconocido como el precursor de teorías y estrategias conspirativas “no violentas” que, sin demasiado cuidado por el pacifismo, se utilizan para deponer gobiernos y sistemas políticos legítimamente constituidos.

Algunos lo califican como “el genio de las libertades”, y a él mismo le gusta considerarse un pacifista. Su nombre es Gene Sharp y reside en Boston, Massachusetts, Estados Unidos, en un primer piso donde también funciona el Instituto Albert Einstein (Albert Einstein Institution – AEI), organización “sin fines de lucro” que fundó en 1983 para promover “la defensa de la libertad y la democracia y la reducción de la violencia política mediante el uso de acciones no violentas”. Su página web: www.aeinstein.org se reproduce en 40 idiomas.

No es una vivienda cualquiera, ni un instituto común. Allí, en ese primer piso, se genera un complejo entramado de hilos virtuales que conectan con muy diversos conflictos en todo el mundo y sobre todo con aquellos que surgen “espontáneamente” contra gobiernos que no se someten a los intereses de Estados Unidos y sus aliados. En esa suerte de sala de mando o central de inteligencia se han tejido buena parte de las llamadas revoluciones de color (naranja, rosa, etc.) o de las así denominadas “primaveras árabes”, que actualmente tienen su más conspicua expresión en Siria y Egipto. Mano derecha de Sharp en tales labores es Jamila Raqib, directora ejecutiva del AEI.

Estadounidense, nacido el 21 de enero de 1928 en Baltimore, Ohio, Sharp es reconocido como el precursor de teorías y estrategias conspirativas “no violentas” que, sin demasiado cuidado por el pacifismo, se utilizan para deponer gobiernos y sistemas políticos legítimamente constituidos.

Licenciado en Ciencias Sociales por la Universidad de Ohio (1949), donde también obtuvo un máster en Sociología (1951) y en 1968 se doctoró en Oxford como filósofo en Teoría Política.

Para formular sus teorías, dice, se basó en los postulados de Henry David Thoreau y Mahatma Gandhi, adalides de la desobediencia civil, para quienes la obediencia y la desobediencia eran asunto moral, religioso, por encima de lo político. No obstante, define sus propios planteamientos como métodos que de manera progresiva enseñan “cómo tomar el poder político y negárselo a otros”. Y en eso consiste su trabajo.

“Me llamo Gene Sharp y éste es mi trabajo”: así comienza el documental How to Start a Revolution (Cómo empezar una revolución), que en 2011 dirigió el escocés Ruaridh Arrow y produjo la británica Lion Television, en asociación con Big Indy Production, y donde se expone de manera estructural el papel de este personaje y su instituto en procesos de desestabilización de gobiernos democráticos en diversos países del mundo.

Salto a la fama

Las teorías de Sharp se hicieron famosas como resultado del éxito que en su aplicación alcanzara, en Serbia, una oscura organización de estudiantes de derecha: Otpor (Resistencia). Fundado en Belgrado el 10 de octubre de 1998, este grupo, resueltamente apoyado por corporaciones mediáticas nacionales y globales, desempeñó un importante papel en la desestabilización de su país hasta llegar, en el curso de dos años, al derrocamiento del gobierno de Slobodan Milósevic y la supresión del sistema político entonces imperante.

Pero la creación de Otpor no parece espontánea. Aunque, a fin de promoverlo como ejemplo, el poder mediático ha procurado mostrar que este grupo se fortaleció poco a poco y de manera natural a través de la lucha estudiantil, la realidad apunta otros datos. Ya en 2002 The New York Times revelaba que la agrupación recibió instrucciones directamente de Robert “Bob” Helvey, un coronel retirado del ejército estadounidense que participó en la guerra de Vietnam y, casualmente, uno de los brazos operativos del AEI para promover la desestabilización “no violenta”.

En esa condición, Helvey, es el hombre del AEI “en el terreno”, el encargado de trasladarse hasta el país donde han de aplicarse los métodos de Sharp para desestabilizar gobiernos, a los que ineludiblemente se cataloga como “regímenes” o “dictaduras”, sin importar que hayan sido elegidos democráticamente.

En el caso de Serbia, Bob Helvey estableció su base en Budapest, Hungría, y de allí se trasladó a Belgrado para encontrarse con Srdja Popovic, fundador de Otpor. En el documental Cómo empezar una Revolución, explica vagamente cómo intervino en el conflicto serbio. “Fui a Budapest a petición del Instituto Nacional Republicano (de EEUU), que estaba prestando apoyo al movimiento de oposición serbio, y una parte en particular de ese movimiento de oposición era Otpor”.

Popovic, por su parte, da sus impresiones acerca de aquel encuentro. “Como coronel retirado tiene un enfoque muy militar (…) Cuando nos dio la política de acción no violenta de Gene Sharp, me quedé maravillado y un poco avergonzado por no conocer un libro así, a pesar de que había una traducción al serbio”.

No era la primera vez que Helvey actuaba directamente para conspirar contra un gobierno. Sus destrezas se habían curtido años antes en la República Socialista de Birmania, actual Myanmar. En su propia versión, admite que trabajó en ese país asiático, como agregado militar de la embajada estadounidense, entre 1983 y 1985, y que posteriormente recibió una beca del Ejército para estudiar en Harvard. Allí conoció a Sharp, cuyas teorías pondría en práctica al participar directamente en el derrocamiento del peculiar experimento socialista que allí se gestaba desde 1974.

Sharp, Helvey… & CIA

En 2005, el presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace, el periodista francés Thierry Meyssan, publicó un trabajo de investigación titulado Golpes de Estado con suavidad y disimulo – Albert Einstein Institution: no violencia según la CIA. En esas páginas pone en evidencia los nexos de Sharp y Helvey con la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) y su labor conjunta en la propagación de conspiraciones y la desestabilización de gobiernos no aliados a EEUU.

Explica Meyssan cómo, desde hace años, la CIA utiliza preferentemente los “métodos de no violencia” para derrocar gobiernos, a fin de evitar el repudio a la injerencia estadounidense y lograr, en cambio, simpatías y aprobación para los movimientos conspirativos.

El AEI le sirve desde 1989 como vitrina ideológica para promover las ideas de Sharp, validando así un arma política que fabrica golpes de Estado “blandos” como los ocurridos en Lituania, Serbia, Ucrania o como el fracasado en Venezuela en abril de 2002.

“La desobediencia civil puede ser considerada entonces como una técnica de acción política, incluso militar”, comenta Meyssan. Y agrega que, revestida esa técnica de un supuesto “carácter moral” que permea el uso de las “acciones no violentas” (admitidas como “buenas en sí mismas y asimiladas por la democracia”), le da “un aspecto presentable a acciones secretas intrínsecamente antidemocráticas”.

Precisa el escritor francés que es en 1989 cuando se produce el despegue del AEI, plataforma que Sharp utiliza para conformar movimientos anticomunistas. En ese origen aparece involucrado un grupo de agentes secretos antipalestinos que eran formados en la embajada de Estados Unidos en Tel Aviv, Israel, donde mantenían contacto con el coronel Reuven Gal, director entonces de Acción Psicológica en las fuerzas armadas israelíes.

Fue la CIA, al percatarse del potencial del AEI para la conspiración camuflada con la bandera del pacifismo, la que puso en contacto a su director, Gene Sharp, con Bob Helvey, “un especialista en acción clandestina y quien en ese momento era encargado de la Escuela de Formación de Agregados Militares de Embajadas”.

El de Birmania fue el primer “trabajo” de esa alianza, facilitado por el conocimiento personal que tenía Helvey de todos los protagonistas birmanos. A partir de allí surge también la doble táctica, en ocasiones simultáneas, de crear dos tipos o bandos de opositores: los “malos”, armados y financiados por Washington; y los “buenos”, que luchan con las tácticas no violentas de Sharp.

Desde entonces, dice Meyssan, la presencia de Sharp y Helvey, junto con Bruce Jenkins (asistente del primero) y el coronel Reuven Gal, es común allí donde “se encuentran en juego” los intereses estadounidenses.

Así, por ejemplo, Sharp y Jenkins estuvieron en Pekín en 1989, unas dos semanas antes de los célebres sucesos de Tiananmen, que el Gobierno chino denunciara como conspiración auspiciada desde el extranjero. Y un año después, en febrero de 1990, el AEI organizaba una conferencia sobre “sanciones no violentas”, que reunió a 185 especialistas de 16 países en torno a los coroneles Robert Helvey y Reuven Gal y dio lugar a la creación de una plataforma internacional anticomunista en apoyo a sus teorías y maquinarias.

La expansión europea de EEUU

La creación de esa plataforma internacional coincidió con los preámbulos del proceso que llevaría al desmembramiento de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y al AEI se le adjudicaron tareas específicas para lograr el control estadounidense sobre el este de Europa. En 1991 estaba Sharp instalado en territorio de la URSS para apoyar en Lituania al movimiento separatista Sajudis, al que asesoraba desde su creación, en 1988.

Como lo destaca el periodista Thierry Meyssan, un año después, en junio de 1992, el entonces ministro de Defensa de Lituania, Audrius Butkevicius, organizaba un significativo y revelador homenaje “a la acción decisiva del Instituto Albert Einstein durante el proceso de independencia de los países bálticos”.

Es en ese mismo marco que se inscriben las guerras de los Balcanes, atizadas por la crisis económica de EEUU, y en particular la operación serbia de 1998. Y mientras el coronel Robert Helvey dictaba cursos a los miembros de Otpor en el hotel Hilton de Budapest, en Serbia “el encargado de dirigir localmente la operación era el agente Paul B. McCarthy, discretamente instalado en el hotel Moskva de Belgrado hasta que Milosevic dimite en octubre de 2000″, explica Meyssan.

Como representante de la estadounidense National Endowment for Democracy (NED, Fundación Nacional para la Democracia), McCarthy se encargaba asimismo de financiar directamente las labores conspirativas de Sharp, Helvey y el AEI en Serbia.

En septiembre de 2002, según el recuento de Meyssan, el escenario es La Haya, Holanda. Allí se ha trasladado Gene Sharp para adiestrar a los miembros del Consejo Nacional Iraquí, cuyo regreso a Irak es parte de los planes para justificar la invasión estadounidense de ese país, como en efecto ocurrirá en 2003.

Tres años más tarde, en 2006, Hussein fue ejecutado en la horca, EEUU contaba con un gobierno sumiso en Irak, y la producción petrolera del país estaba bajo la vigilancia de la Casa Blanca. En 2013, la invasión se mantiene y contabiliza, en cifras conservadoras, más de un millón de muertos.

La presencia del AEI también ha sido notoria en Georgia, Bielorrusia, Zimbabwe, Ucrania, Kirguistán, Irán, Rusia, Siria, Egipto y una larga lista de países, a la que se agregó en la última década Venezuela, una “amenaza” que, por impulsar el socialismo, se contrapone a los intereses de Washington.

teleSUR-AVN