Récord de desembarcos en Italia: este año los inmigrantes podrían llegar a 270.000

pal--620x349Los desembarcos de inmigrantes en Italia se incrementan cada día. El Mediterráneo se está convirtiendo en la única vía para acceder a Europa, una vez cerrada la ruta de los Balcanes. En los primeros tres meses y medio de este año, 23.957 inmigrantes llegaron a las costas italianas, un aumento de casi el 60 por 100 con respecto al mismo periodo del pasado año. Si esta tendencia continúa, se podría llegar al récord de 270.000 inmigrantes solo en el 2016. El flujo es continuo, prácticamente diario: En la noche del jueves llegaron al puerto de Palermo casi 900 prófugos salvados en el Mediterráneo por la nave militar noruega Siem Pilot. Los menores no acompañados eran 138. En su gran mayoría eran africanos que habían partido de Libia. La situación se hace especialmente grave porque en ese país hay “un millón de potenciales emigrantes”. Así lo confirma el general Paolo Serra, consejero militar del enviado especial de las Naciones Unidas en Libia, Martin Kobler. Este riesgo motiva que el presidente del Consejo europeo, Donald Tusk, lance esta advertencia: “Es alarmante ver cuantos emigrantes se preparan a utilizar la ruta del Mediterráneo central. Es necesario que mostremos solidaridad a Italia ahora, para evitar en el futuro un escenario como el de los Balcanes”, ha afirmado el polaco Tusk.

Actualmente, en las estructuras de acogida dispuestas por el gobierno y las regiones hay 112.000 personas. Pero los centros están saturados. Por ello, el ministerio del Interior ha pedido a los delegados del gobierno en diversas regiones que se movilicen para disponer con la máxima urgencia otros 15.000 puestos. Estas cifras son preocupantes para las autoridades de Austria, porque temen que muchos de los inmigrantes que lleguen a Italia intentarán alcanzar el norte de Europa, principalmente Alemania, a través del Brennero. Para contener un posible aumento de los inmigrantes que llegan desde Italia, Austria comenzó a construir una barrera de 250 metros en este paso fronterizo de los Alpes. El Brennero, un lugar de fuerte valor simbólico, se ha convertido así en foco de creciente tensión entre Austria e Italia, al tiempo que pone aún más al rojo vivo el debate europeo sobre los refugiados.

No a los muros en Europa

Contra este muro del Brennero y otros que se levantan en Europa se ha pronunciado con preocupación el jefe del Estado italiano, Sergio Mattarela: “No serán suficientes vallas ni barreras para protegernos, si Europa no da pasos hacia adelante como proyecto común. Hemos trabajado durante setenta años para derribar los muros que nos dividían: no dejemos que vuelvan a nacer, creando dificultades y tensiones donde, por el contrario, se necesita cohesión y confianza. Las barreras que dividen Europa son un lastre que agrava el camino. Retroceder con respecto a Schengen sería un acto de autolesión para todos”, afirmó el miércoles Mattarella en Turín ante el presidente de Alemania Joachim Gauck.

Pero tras la advertencia del jefe del Estado italiano, Austria ha vuelto a dar una durísima señal de intransigencia por boca del ministro de Defensa, Hans Peter Doskozil: “En caso extremo, Austria podría cerrar completamente el Brennero. Podríamos vernos obligados a pedir a las autoridades italianas que hagamos nosotros los controles en su territorio”. Las afirmaciones del ministro de Defensa austriaco han sido acogidas con cierta indignación y disgusto por el gobierno Italiano: “Crear muros en la frontera sería un acto muy grave. Negativo para la economía y una pésima señal para Europa”, ha manifestado el ministro de Exteriores, Paolo Gentiloni.

Además, el gobierno italiano ha pedido la intervención de la Unión Europea. El comisario de la UE para la inmigración, Dimitris Avramopolous ha expresado ya su malestar por la decisión de Viena: “Lo que está ocurriendo en la frontera entre Italia y Austria no es la solución correcta”. La preocupación es grande en Italia y en Bruselas, porque cerrar el paso fronterizo del Brennero, una de las principales arterias de la economía europea, además de sus muchos aspectos simbólicos, significaría estrangular una buena parte de Europa: Italia, Austria, Alemania, Polonia, República Checa y Hungría se verían afectadas.

 

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