Yasmina Khadra: «Todos los dictadores y muchos presidentes del mundo se drogan»

yasmina-khadra-entrevista--620x349El escritor y exmilitar argelino Mohamed Moulessehoul (Kenadsa, 1955), más conocido por su seudónimo femenino, Yasmina Khadra, es hoy uno de los escritores de habla francesa más conocidos y reputados del mundo. Su lucha «patriota», como él recuerda, durante los años noventa frente a los islamistas radicales en Argelia le ha marcado durante la mayor parte de su carrera literaria. Analista en sus novelas de los problemas que azotan al insostenible mundo árabe, desmenuza con su último libro los pensamientos del dictador Muamar el Gadafi en «La última noche del Rais» (Alianza). Yasmina Khadra ha estado de visita esta semana en Madrid para participar en el Institut Français en la última sesión de «Charla con inmortales», para «dialogar» con el fallecido tirano. Las últimas horas de un dictador derrocado siempre son singulares. Pero las del irrepetible Gadafi son únicas.

-Gadafi era tan carismático como megalómano. Mientras escribía este libro, en el que pone voz a Gadafi en sus últimas horas… ¿ha sentido fascinación por él?

-No sentía fascinación por él, la siento por mi mujer, no por los tiranos. Como es difícil encarnar a un tirano, no podría hacerlo durante mucho más tiempo. Por el carisma generoso sí siento fascinación: el de Papa Francisco me parece mucho más interesante que un líder político. Uno por su sabiduría y el otro por sus mentiras.

-La documentación habrá sido complicada…

-Ha sido extremadamente difícil. No son memorias, sino describir las últimas horas de su vida, no he buscado lo que dijo esos días, sino que en los años ochenta estaba en Moscú y estuve hablando mucho con un oficial libio que lo conocía bien y también relatos de quienes le rodeaban.

-¿«Echa de menos» a Gadafi?

Sí, en cierto modo, lamento lo que ha pasado. Los libios no han tenido tiempo de crecer frente a un Gadafi que protegía al pueblo de sí mismo. Es una constatación.

-¿La caída de Gadafi es el símbolo de la nueva era del mundo árabe?

-No tiene nada que ver. El mundo árabe no existe. Es una ilusión óptica ya que no ha existido nunca. Mira como están, no hay solidaridad. Manipulación y demagogia. No se apoya a un país que está en peligro, y esto ni existe ni existirá jamás.

-Gadafi, como otros dictadores, fue expulsado del poder por la economía, y no tanto por las protestas en las calles. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?

-Eso es. Muy bien. Él cayó por culpa de la economía, no por las manifestaciones o por ser un dictador, sino porque era un aliado difícil, que no quería darlo todo, que prometía centrales nucleares, marchas titánicas, nuevos aviones. En cambio, cuando venía a Occidente se le ponían alfombras rojas. Luego decidieron castigarlo.

-¿Pensó en Sarkozy mientras escribía el libro? ¿Qué papel jugó el mandatario francés en lo que ha ocurrido en Libia?

-No he pensado en Sarkozy jamás. ¿Quién es Sarkozy? Fue el instigador de la inmensa farsa que ha llevado a Libia a un caos abismal. En Francia, durante las entrevistas por este libro, nadie me preguntó por él. Y no sé por qué. La Francia política rechaza a mirar sus propios errores. Hay gente en Francia que dice que si había gente oprimida por un tirano, que si se había masacrado a la población, no podían quedarse con los brazos cruzados y había que sacarlo de ahí, como pasó en Irak o en Siria.

-¿Era tal su adicción por la droga como se cuenta en el libro?

-Sí, terrible. Era terrible su adicción a la heroína toda su vida, al menos los últimos 20 años. Era alguien que vivía bajo presión todo el rato, que vivía aterrorizado continuamente. Se creía más que un ser humano. Todo era exceso y ego. La droga era el alimento para seguir así, en la cima. Es terrible la vida del dictador. Estoy seguro que todos los dictadores, e incluso muchos presidentes de hoy, se drogan. Como lo hacen los grandes actores, cómicos. Me salva que yo soy musulmán practicante.

-Y Gadafi era religioso pese a todo…

-Sí, lo era. Se drogaba porque creía que era el elegido de Dios y lo tenía todo permitido. Es como los terroristas de hoy; violan, decapitan a la gente, queman las casas. Él debía tomar drogas, y se acostaba con todas las mujeres. Es halal (permitido por la ley islámica) tener cuatro mujeres si eres capaz de ser justo. Le hacía trampas incluso a Dios.

La guardia amazónica de Gadafi
La guardia amazónica de Gadafi– EFE

-¿Fue, como se le ha acusado, un violador en serie?

-Eso es exagerado. Tenía a todas las mujeres que quería. Se lo podía permitir. Era un dios viviente de Libia. Es todo. Era parte de su megalomanía.

-¿Y un terrorista?

-Estuvo detrás de atentados, financió asesinatos, financió también a Carlos «El Chacal»… Quería ser el enemigo público número uno para conseguir visibilidad política. Pensaba que podía desestabilizar el mundo entero. El poder, cuando es absoluto, termina siendo el poder del diablo y no de Dios.

-¿Qué pudo suponer para el «guía» Gadafi una muerte tan patética, tras ser encontrado en una tubería cuando trataba de huir?

– La muerte es el nacimiento de la mitología. No quería morir como un ser humano, quería morir como Jesús. Una infinitud. Es el código de acceso al paraíso. Se veía así. Se creía el elegido del cielo. No estuvo nunca preocupado, ni cuando bombardearon su palacio y perdió a su hija. De hecho, salió ileso.

-Al Bagdadi, líder de Daesh, es otro iluminado de Dios…

-Gadafi no tiene nada que ver con Bagdadi. Es un agente al servicio de alguna potencia. Es abominable. Era profesor de Universidad. Estuvo en prisión y desde allí construyó una red terrorista. Es un criminal de guerra y Gadafi, un jefe de estado que se equivocó.

-¿Cómo definiría a Gadafi en una frase?

-Gadafi fue víctima de sí mismo.

-¿Cuándo empezó a «ser víctima de sí mismo»?

-Cuando pensó que era lo suficientemente fuerte como para desafiar a Occidente y ser autosuficiente. Despreciar al presidente de EE.UU. o entrar en los asuntos internos de Italia. Ahí es cuando perdió el control de su vida. Empezó a equivocarse cuando comenzó a creerse útil para África y el mundo árabe y no solo para su país. Quería ser Nasser. Quería ser el personaje carismático del mundo árabe. Comenzó a volverse loco. Después de su ataque en Chad, un país miserable, donde incluso perdió.

-En su libro puede verse a un Gadafi obsesionado con su infancia pobre. Si hubiera formado parte de la burguesía libia de la época, ¿habría seguido siendo el mismo?

-En otro escenario, él hubiera intentado proteger a la burguesía. Era revolucionario en su cabeza.

Yasmina Khadra intentó presentarse a las elecciones presidenciales argelinas de 2014 pero no consiguió reunir las 60.000 firmas necesarias. Sólo doce personas, entre ellas el actual presidente Abdelaziz Buteflika y el ex primer ministro Ali Benflis, lograron reunir los apoyos suficientes.-¿Escribirá sobre el eterno presidente de su país, Argelia, como sobre Gadafi?

-Buteflika no tiene nada que ver con Gadafi. El primero es una marioneta de quienes quieren comerse Argelia mientras que el segundo es una figura típica de Shakespeare.

-Quince años después de revelar su verdadera identidad y de estar viviendo en Francia, ¿por qué mantiene ese seudónimo femenino? ¿Ha tenido problemas, amenazas, por ser escritor?

-Porque soy lesbiana (bromea). No, no he tenido nunca problemas como escritor. Soy dueño de mi obra. ¿Amenazas?, nada de eso. Lo que realmente quiero es hacerme valer ante el lector, trabajar por y para él. Son mi apoyo. Por supuesto, también mi mujer, mis hijos, etc. Quiero ser un buen ciudadano. Lo demás me da igual.

«Francia está combatiendo bien a los terroristas»

-¿Cree que se le valora lo suficiente en Francia?

-Ya son varios años que he sido marginado en Francia. Tengo 4 millones de lectores en Francia. El resto me da igual.

-¿Ha leído «Sumisión», de Michel Houellebecq?

-No lo leo, no me interesa. Leo a los grandes escritores, que pueden maravillarme, de darme una razón para creer todavía en el ser humano, pero los pequeños escritores, pretenciosos, no me interesan. García Márquez es un gigante, he aprendido mucho de él.

-Con «La última noche del Rais» se suma a la ya larga tradición de «novela de dictadores»: ¿Ha leído «El general en su laberinto» o «El otoño del patriarca»?

-«El general en su laberinto», no. Ni «El Otoño del patriarca». De García Márquez he leído «Cien años de soledad», «El amor en los tiempos del cólera», que he obligado a leer a mis hijos, y «Crónica de una muerte anunciada». Además de él, Gogol, Tolstoi o Kafka son algunos de mis preferidos.

-Se ha dicho que uno de los problemas del «mundo árabe» es que no se compran muchos libros, al menos como en Occidente. ¿No fomentar la cultura y la educación ayer explica los problemas de hoy?

-Sí, eso es cierto. El libro es importante. Es el mejor amigo del hombre, no el caballo, el fusil o el perro. Puede coger polvo, pero su magia siempre está ahí. Puedes acceder al mundo, si no, vas a estar encerrado en tu especialidad. Fue el gran fallo de Gadafi. Su principal problema. Él tenía que ser lo esencial de la nación, quien tenía todo el carisma y la generosidad artística. Él era la fiesta nacional cada día porque impidió a su país acceder a la belleza del mundo. «No hay que ver la televisión francesa ni el cine de Estados Unidos por imperialistas». Esto ha impedido a la gente acceder a la cultura y con ello ha creado el monstruo que le ha derribado del poder. Y Frankenstein era Gadafi.

-¿Le sorprende la cantidad de jóvenes franceses que han ido a Siria e Irak para luchar con los terroristas?

-Sí, pero admiro mucho lo que está haciendo ahora Francia. Tienen una estrategia extraordinaria que ha impedido que el fenómeno se extienda rápidamente, Bélgica también y espero que Occidente en general, en la lucha antiterrorista y su eficacia. Así se atemperará. En países como Irak, por desgracia, no hay estrategia.

«Si se hubiera comprendido lo de Argelia, la situación actual no sería así»

-Hace más de 20 años ya hablaba de captación de jóvenes por el terrorismo…

-Conté hace 20 años en el libro «Lo que sueñan los lobos» lo que está ocurriendo ahora. Si se hubiera intentado comprender lo que ocurrió en Argelia, la situación no sería como la actual. Todo el mundo está sufriendo el terrorismo. Es el nuevo orden mundial.

-Mientras que Túnez y Marruecos lideran la exportación de yihadistas, Argelia parece estar vacunada frente al radicalismo…

-Eso es porque la mayoría de los terroristas murieron o fueron asesinados durante los años negros. Argelia ha sufrido esto que vivimos ahora. Durante 10 años sufrió una masacre diaria. Más de 200.000 muertos en esa década negra.

ABC